¿Cuantas citas de dentista necesito para un tratamiento dental?

Acudir al dentista, desde siempre, ha significado seguir unas pautas de tiempo que no siempre nos facilitan las cosas y nos demora ese tratamiento que necesitamos con urgencia. A veces, estos tiempos, dependiendo del profesional elegido, se convierten en largas esperas, que en algunas ocasiones nos llevan a abandonar la cita y posponerla para mejores momentos. Indudablemente el factor tiempo va a condicionar el tratamiento de nuestras dolencias y por ello debemos buscar las fórmulas adecuadas para recibir la necesaria atención médica y por inercia buscaremos, cuando no lo tenemos ya elegido, al profesional que nos atienda lo antes posible.

Hasta aquí todo es normal. Lo malo comienza cuando ya sentados en el sillón  y el dentista  comienza a efectuar un análisis de nuestra boca. Si el problema está localizado en una sola pieza se efectúan los tratamientos necesarios y se soluciona el problema con prontitud. En las intervenciones los dentistas  tienen un protocolo de actuación  estableciendo cuatro cuadrantes en la boca, para dividir las actuaciones.  Si el problema dental está en dos cuadrantes distintos, – hasta ahora- el dentista necesitaría de varias sesiones o citas con el paciente para ir en cada una de ellas solucionando el problema existente en cada cuadrante.  Esto es hasta ahora una norma generalizada en la mayor parte de los dentistas tradicionales.

La cuestión que se plantea ahora en este tema: Si en cirugía existen intervenciones de varias horas en las que somete al paciente a diversos tratamientos simultáneamente. ¿Por qué no se puede aplicar ese procedimiento en odontología? Lo lógico, cuando se recibe la visita de un paciente es informarle de los “tiempos” y “pautas” que se van a seguir en un tratamiento  y darle opciones, es  decir, si un trabajo puede realizarse en una o varias sesiones.

Por el profesional no debe haber ningún problema, pues la capacitación que tiene, le permite abordar a ese paciente en los tiempos que considere oportunos, pero ¿no sería bueno para el paciente-cliente que su estancia en la clínica fuese lo menor posible?

En efecto, las prisas del momento que vivimos , de las que no está exenta nadie, nos llevan a plantear intervenciones en el menor tiempo posible para el paciente , sin perjuicio alguno para su salud , sino al contrario le vamos a evitar molestias y desplazamientos si acortamos el número de visitas al dentista para solucionar su problema. Para ver cómo sería este proceso, nada mejor que poner un ejemplo práctico. Una persona necesita cinco empastes, una endodoncia y un implante dental y estas actuaciones están distribuidas en tres de los cuadrantes de la boca. Normalmente se necesitarían de tres a cuatro citas, más otra para la toma de medidas del implante, colocar la funda con lo que nos estaríamos situados en seis o siete citas.

Si nuestro criterio es acertado, y lo es, podríamos sedar al paciente  y utilizando una técnica adecuada podríamos llevar a cabo el trabajo en una  primera sesión en la que  se llevarían a cabo los empates y en la segunda se le tomarían medidas para el implante y se colocaría la funda, con lo que el tiempo se reduce una tercera parte con toda seguridad. Para la puesta en marcha de esta técnica, se debe mantener una estrecha relación dentista-paciente. Por parte del profesional debe existir una confianza con la persona que va a atender, se le debe mostrar en todo momento una proximidad y darle todas cuantas explicaciones sean necesarias para su tranquilidad. El dentista tiene que hacer todo lo posible por “lavar su imagen” de cara al paciente y debe convertirse en un auténtico consejero familiar en temas de salud bucodental para conseguir esa confianza total del paciente hacia el mismo y hacia el trabajo al que se le va a someter.

Si el profesional quiere llevar a cabo un acercamiento real al paciente y acabar con los tabúes de esta profesión, la confianza debe de llegar a tal extremo, que el paciente se sienta protegido cuando se pone en manos de un profesional y este le tiene que dar todo tipo de detalles y facilidades para que se encuentre plenamente satisfecho, además de tranquilo  y confiado.

Incluso llevando estas premisas al terreno real, no estaría de más que el profesional facilite el acercamiento al paciente y le de seguridad, por si en algún momento tras una intervención, el paciente siente molestias no esperadas, para lo cual, el profesional podría poner a su disposición una vía rápida de comunicación como es en la actualidad su número de teléfono móvil por si fuera necesaria una consulta de urgencia.

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